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Cartel VIII Semana Internacional de Cine Fantástico y de Terror Estepona 2007

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Palacio de Exposiciones y Congresos

viernes, 7 septiembre 2007, 20:00 h.

30Aniversario de "STAR WARS"

Hace 30 años en una galaxia lejana, muy lejana...

A finales de 1970 resurgieron en España las convenciones de ciencia ficción. La propia capital del país tuvo una época de verdadero esplendor en cuanto a la publicación de los llamados fanzines, revistas de aficionados. La persona que escribe estas líneas editaba por aquel entonces su propia publicación, llamada Blagdaross, y allí en uno de sus números, ya a comienzos de los años ochenta, apareció un artículo sobre las influencias literarias y estéticas que para todos nosotros tenía Star Wars. Sólo mencionaré dos nombres: Leigh Brackett, representante del llamado space opera estadounidense (además de guionista de El imperio contraataca, Alex Raymond y su magnífico cómic sobre Flash Gordon, y la serie francesa Valerian.

Pero para entender nuestra fascinación por Star Wars debo irme unos años atrás, y concretamente al mágico año de 1977, con el estreno de La guerra de la galaxias, como entonces se llamaba, el Episodio IV: Una nueva esperanza. Con 15 años, para 16, pasé toda la mañana en la cola de un cine junto a mis amigos, en la céntrica calle Fuencarral de Madrid. Sentado en la quinta fila me quedé sin habla: se habían hecho realidad todos mis sueños como aficionado a la ciencia ficción. No lo olvidaré jamás aquella nave espacial que volaba por la pantalla del cine, empequeñecida por el inmenso destructor del Imperio Galáctico que llenaba toda la imagen. Tenía ante mí ¡Una auténtica batalla espacial!... Y cuando apareció Darth Vader como un caballero negro... era como una sombra que destacaba sobre el blanco inmaculado de la nave corelliana. El silencio en la sala era absoluto, y el tiempo parecía haberse congelado. Efectivamente, el tiempo se congeló para mí.

El final de aquella década de los años setenta era vivido como un momento de optimismo y modernización para nuestro país, con el fin de la dictadura y el comienzo de la transición hacia la democracia. Para el joven George Lucas, creador del universo de Star Wars, era posible que rebeldes como Luke Skywalker y Han Solo pudieran enfrentarse a un imperio militar solamente con su valor y las ansias de alcanzar la paz. Y vencer, además. El mismo pueblo estadounidense quería olvidar la guerra de Vietnam y abandonar definitivamente el miedo contra los diablos rojos del este, que al final traería la caída del muro de Berlín.

Como ya he comentado, inicié mi andadura como editor aficionado hasta que llegué a editorial Edaf ya entrados los años ochenta, donde tuve la suerte, primero, de dirigir una colección de ciencia ficción, y después de publicar las obras completas de H.P. Lovecraft, pero, sobre todo, de conocer las herramientas que me llevarían a ser editor profesional. Fue Alejo Cuervo quien me habló por primera vez de las novelas de Star Wars posteriores a El retorno del Jedi, que el publicaría en la editorial Martínez Roca, donde trabajaba como responsable de los títulos sobre ciencia ficción, fantasía y terror. Luke, Han y Leia (en ese momento senadora y no princesa) habían conseguido derrotar al Imperio, y se creó una larga saga de novelas sobre la Nueva República Galáctica.

Pero llegó el nuevo milenio y la inquietud apocalíptica, y George Lucas era veinte años más viejo como sus personajes clásicos. El creador de Star Wars había vivido ya la primera guerra de Irak, y Estados Unidos y el mundo entero se dirigían irremediablemente hacia el Lado Oscuro. En 1999 se estrenaría el Episodio I: La amenaza fantasma que da inicio a la historia que nos contará el fin de una época y la caída de los héroes, los Jedi, defensores de la justicia y de la paz; hecho que se consumaría con el Episodio III: La venganza de los sith (2005).

Paralelamente, en mi historia como editor, dentro de nuestro sello Alberto Santos, Editor nos dimos cuenta que George Lucas había creado un universo completo, y complejo, que no pudo desarrollar en las películas, y para ello había creado grandes novelas para engrandecer el universo de Star Wars. Así nacieron las sagas literarias de las Guerras Clon (realmente una saga pacifista, como todo lo que tiene que ver con los Jedi), y fuimos testigos de la verdadera historia de la caída de la República Galáctica, de los sith, de Obi-Wan, el verdadero protagonista de las sagas que hizo posible un futuro para Luke Skywalker, y la llegada, pero también la vuelta, de Dath Vader, el malo más malo de toda las historias. Era la narración de un mundo imaginario, sí, pero real para nuestros corazones. Y yo mismo tuve la suerte de poder editarla, junto a mis socios y compañeros de Alberto Santos, Editor e Imágica Ediciones.

Pero en todas las cosas existe un eterno retorno, y George Lucas lo sabe, por eso volvió al principio para contarnos el origen del mal, y para hacernos reflexionar sobre lo que puede significar el orden extremo en la galaxia, un trasunto de nuestro propio mundo. Un orden extremo que pretende obviar las libertades individuales y eliminar la justicia en los ciudadanos, asustándoles con el caos que puede generar el terrorismo. En definitiva su fin es erigirse en poder absoluto. Como Darth Vader, siervo del Emperador. Pero como señalaba, el eterno retorno nos vuelve a traer a los héroes: Han Solo, la princesa Leia, y el Jedi del futuro: el retorno de Luke Skywalker, para que nos demos cuenta que siempre hay héroes que traerán el equilibrio en la Fuerza. Aprendamos de ellos a ser más humanos, mientras disfrutamos con los hechos heroicos de nuestra galaxia preferida.

Alberto Santos.

Director editorial de Imágica Ediciones

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